
"En mi sueño, la muerte canta", arrancan los muchachos su mantra, y despliegan todo su imaginario de tierra, aire, agua y fuego ("Marineros", "Sierras Negras", "La pipa de la paz"), procesado en su Moulinex de ritmos latinos, desde Eduardo Mateo hasta Manu Chao. Con tantos Nicetos y Konexs encima, hace tiempo que ya nadie pregunta, cuando escucha el nombre, si son una banda de cumbia villera.
"¿Están bien ahí sentados?", tantean los músicos. "¡Noooo!", responde el público (80% minitas de vestidos floreados & bien perfumadas). Recién se paran en "Así", carnavalito lisérgico que Nacho Rodríguez y Marcelo Blanco importaron de Doris y que funcionó de perlas para el final de Los Paranoicos (2008). Después de un intervalo, los temas del primer álbum mantienen caliente el ambiente, casos "Mambeado", "Te quiero", "Me pega fuerte" y el cover de El Príncipe "Como que no", que es uruguayo, pero no jugó en River.
"Cada uno tiene un mambo que lo está esperando", entona la banda, reversionando a El Salmón (disco/artista), 10 años después, y se retira del escenario. Todavía quedan algunas brasas, pero el fogón terminó. Hay que levantar campamento. Apuremos que en El Emergente hay Noche de Bestias Solistas: Reno (aprobado), Prietto (horrible), Tom Neko + Niño Elefante (capos) y Santiago Motorizado (re-capo). Indies hacer barullo. El Chango toca una de Embajada Boliviana y propone un saludo grupal "a lo Onda Vaga", en plan bardero, sin saber que está redondeando el mejor cierre para esta crónica de sábado por la noche.